"Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar."

1 Pedro 5:8

Como padre de mentiras, el diablo ha desarrollado el arte del engaño casi a la perfección. Ha creado para ello una herramienta exitosísima: la distracción. El diablo nos distrae haciéndonos mirar hacia otro lado y no poder visualizar claramente de que se trata el asunto.

Así, si algún hermano nos ofende miramos con bronca o enojo al que lo hizo. Si perdemos nuestro trabajo culpamos a las crisis económicas o nuestros gobernantes que parecen causarlas. Si nuestro matrimonio o familia nos dan más tristezas que alegrías se debe a que mi pareja hace todo mal. 

Todo esto puede llegar a ser en parte cierto. Las situaciones pueden llegar a ser injustas con nosotros y podemos tener una parte de razón. Pero estamos viendo con ojos humanos lo que está pasando. 

Y con mente humana razonamos y buscamos soluciones a nuestros a problemas. 

El diablo, que ha movido con hilos invisibles el tablero, sonríe. Nadie ha notado su presencia...

Nos  enojamos con quien nos agravia, dejamos de congregarnos para no verlo, no discutir o porque considero que las autoridades no han actuado como correspondía...

O nos desesperamos ante Indigna situación del país, planeamos alguna venganza como ciudadanos o contra la empresa que nos dejó sin trabajo....

Discutimos por cada cosa con nuestra pareja, y a decir verdad, consideramos que esto ya no va más…

Nuestros ojos se han centrado en el quién, en el cuándo, en el cómo de las circunstancias  e ignoramos que todo esto se trata de un asunto espiritual. Y el diablo se relame, ya tiene a quien devorar. Devora personas, parejas, familias enteras que no se han dado cuenta de que la batalla era espiritual. 

"Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 

Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos". Efesios 6:11- 18

¡Debemos echar mano a la armadura que el Señor nos da y tener la atención puesta en el Espíritu que nos guía en la verdad, con la seguridad de que en esta batalla, el Señor nos da la victoria! ¡Aleluya!