Una simple oveja era una de las cosas que me faltaban para completar la lista de elementos necesarios para el vestuario y la escenografía de la obra de Navidad que representarían los niños de la escuela dominical.

Cuando salí de mi casa para ir a distintas tiendas en busca de los materiales que necesitaba, supuse que sería sencillo adquirir todo en poco tiempo; el dinero no era el problema y en vísperas de Navidad, qué no se consigue. Pero mi sorpresa fue grande al ver qué despojadas del verdadero significado de la Navidad se veían las tiendas. Muchos otros significados ocupaban los lugares centrales de los estantes, pero el verdadero significado de la Navidad se hallaba escondido, había que buscarlo. Por un momento pensé que una mano invisible, pero intencional, se había encargado de disimular las figuras del pesebre, del niño Jesús, de María, de José, de los pastores, de los magos, de la estrella, de los animales, etc.

Finalmente pude conseguir varias cosas, no todas, pero me quedó rondando en la cabeza la figura de la "oveja". La oveja que no conseguí tal vez por no haber buscado más y mejor; la oveja que se perdió en el entramado multicolor de las estanterías; la oveja a la que le hubiera gustado participar del pesebre, pero que por mi falta de ganas se quedó sin encontrar su propósito en esta Navidad.

Jesús dijo: "Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas" (Juan 10:11, RVR 1960).

Cada año tenemos la bendición de poder celebrar y recordar el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, quien su vida dio por sus ovejas. Que esta Navidad sea un tiempo de regocijo y de alabanza a nuestro Dios, y de renuevo en nuestro compromiso de agrandar y cuidar Su rebaño.