El amor a Dios; ¿cómo se expresa?

Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una. Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y más grande mandamiento.
Mateo 22:34-38


El siguiente testimonio refleja una lamentable realidad cotidiana.

Andrea cuenta:

“Cuando era una niña, me educaron en la Fe Cristiana, y fui creyente los primeros años de mi vida, poco a poco fui entendiendo que la religión es una invención del ser humano, aunque al principio tenía miedo de Dios por pensar de esta manera, ahora puedo decir muy tranquila y convencida que NO CREO en la existencia de ningún Dios… En mi educación jamás me inculcaron el amor a Dios y nunca lo he sentido, en cambio el temor sí.”

¿Se podrá transmitir, inculcar o infundir el amor a Dios y si se puede sentir ese amor, como se manifiesta?

Es fácil explicar o transmitir el amor de Dios.

(Cuando hablamos del Amor de Dios, lo asociamos a versículos bíblicos como Dios es amor o, porque de tal manera amó Dios al mundo que…., o, no hay mayor amor que este que uno de su vida por otros… y/o a la obra redentora realizada en nuestra propia vida.)

Pero ¿qué hay cuando se nos pide definir nuestro amor a Dios?

Muchos pasajes del Antiguo Testamento que hablan sobre la obediencia a Dios, principalmente a sus mandamientos, se pueden interpretar como demostración de amor al Creador.

Veamos un ejemplo:

Con todo mi ser cumplo tus estatutos. ¡Cuánto los amo! Salmos 119:167
(Amar la Palabra de Dios es amar a Dios)

En el Nuevo Testamento encontramos pasajes que hablan por si mismo y deben ser entendidos y aplicados literalmente.

Dos de ellos los encontramos en las cartas del Apóstol Juan:

En esto consiste el amor a Dios: en que obedezcamos sus mandamientos. Y éstos no son difíciles de cumplir,1 Juan 5:3

En esto consiste el amor: en que pongamos en práctica sus mandamientos. Y éste es el mandamiento: que vivan en este amor, tal como ustedes lo han escuchado desde el principio. 2 Juan 1:6

Con la respuesta que Jesús da al religioso (Fariseo) de la época, según nuestro texto base, lo hace interpretando a Deuteronomio 6 en dónde la palabra amar se asocia a los verbos buscar, obedecer, convertirse al Señor y cumplir los mandamientos en respuesta al amor que el Señor (Jehová - Dios) manifestó primero.

El propósito de Dios en Deuteronomio 6:2,7, es que inculquemos, transmitamos este buscar, convertirse a Dios, obedecer, cumplir y por ende amar a Dios continuamente a nuestros hijos y nietos y así sucesivamente; siempre con el ejemplo y durante toda nuestra vida y con todo nuestro ser:

Con nuestros sentimientos y emociones (corazón),
con nuestra voluntad (alma),
con nuestros pensamientos (espíritu) y 
con todo nuestro cuerpo (fuerza).


No hay mayor demostración de amor a Dios que amando y obedeciendo a Su Palabra y viviéndola en forma práctica.

Y precisamente era esto lo que menos practicaban quienes pretendían tener la más pura interpretación de la Ley de Moisés.

(Es importante resaltar que algunas décadas antes de Jesús y durante su ministerio existía una rivalidad extrema entre los religiosos y también una discriminación social de las clases altas con respecto de las bajas, que las escrituras se aplicaban como mejor se acomodara y en beneficio de intereses egoístas.

Algo no muy diferente se vive hoy en día cuando observamos la rivalidad denominacional y abuso espiritual basados en interpretaciones erróneas y antojadizas de la Biblia)

Jesús advierte a sus discípulos y también a nosotros, repetidamente sobre la hipocresía de los religiosos.

En Mateo 23:2 dice lo siguiente:
“Los fariseos y maestros de la Ley son los que más conocen la ley de Moisés. Ustedes deben hacer todo lo que ellos digan; pero no hagan lo que ellos hacen, porque enseñan una cosa y hacen otra”.


Si decimos amar a Dios, entonces inculquémoslo o transmitámoslo con estilo de vida para no vivir o lamentar con nuestros seres más queridos (prójimo) la triste experiencia de Andrea.

Se nos ha enseñado que amar es una decisión y que el Evangelio no es religión, sino más bien un estilo de vida que debe impactar positivamente a nuestro entorno. Esposa, esposo, hijos, familiares, amigos, compañeros de trabajo, de estudio o de colegio.

Para concluir, escuchemos lo que Jesús dice con respecto del amor y obediencia a Dios:

¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él. Juan 14:21

Habiendo entendido este aspecto del amor a Dios y la bendición que esta decisión conlleva, ¿Nos esforzaremos por obedecer y cumplir los mandamientos de Dios como Jesús lo hizo y nos los enseña y comisiona a enseñar?

Ustedes, yendo hagan discípulos míos en todos los países de la tierra. Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Enséñenles a obedecer todo lo que yo les he enseñado a ustedes. Yo estaré siempre con ustedes, hasta el fin del mundo. Mateo 28:19-20

La ley es la regla del deber del cristiano, y éste se deleita en ella. Si alguien que pretende ser discípulo de Cristo se permitiere cualquier desobediencia a la ley de Dios, o enseña al prójimo a hacerlo, cualquiera sea su situación o reputación entre los hombres, no puede ser un verdadero discípulo.

Juan Paulus