“La justicia protege al que anda en integridad” (Pr 13:6,NVI).


Hace un tiempo atrás fui protagonista de un accidente de tránsito, tan inesperado como súbito.

Cruzábamos con nuestro vehículo la intersección de dos avenidas con la luz verde del semáforo cuando de manera inesperada fuimos embestidos lateralmente por un auto que atravesaba el mismo cruce, pero con luz roja. Nuestro auto comenzó a dar trompos y terminó chocando contra un semáforo. Gracias a Dios todos los involucrados resultamos ilesos.

En ese momento en que uno se queda sin palabras, solo podían escucharse las voces de las personas que se acercaban a brindar su ayuda o a ofrecerse como testigos del accidente a nuestro favor.

Luego de unos días, la imagen de ese choque volvió a mi mente, pero no como algo traumático, sino como una enseñanza.
Muchas veces vivimos situaciones inesperadas que nos golpean y nos desconciertan, nos esforzamos cada día por andar en el camino correcto y de repente suceden imprevistos que intentan descolocarnos. No siempre esos golpes están relacionados con lo material o lo físico, pues podemos también ubicarlos cómodamente en el área de las relaciones interpersonales.

Cuando andamos con luz verde, es decir, procurando vivir conforme a la Palabra de Dios y tratando de agradarle a Él en todo, Él defiende nuestra causa sin que nosotros tengamos que hacer nada. Así como en el ejemplo del accidente los testigos atestiguaron a nuestro favor porque circulábamos correctamente, también hay personas a nuestro alrededor que observan nuestro andar íntegro.

“Quien se conduce con integridad, anda seguro” (Pr 10:9, NVI).


Hacer lo correcto siempre trae paz y bendición.