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"...Meditad sobre vuestros caminos"

(Hageo 1:7, RV 1960).

Para comprender un poco más el versículo citado, es necesario remitirnos a los capítulos 4 y 5 del libro de Esdras, donde encontramos que los adversarios de Dios y de su pueblo habían impedido la reedificación del templo:

"Pero el pueblo de la tierra intimidó al pueblo de Judá, y lo atemorizó para que no edificara. Sobornaron además contra ellos a los consejeros para frustrar sus propósitos, todo el tiempo de Ciro rey de Persia y hasta el reinado de Darío rey de Persia" (Esdras 4:4-5, RVR 1960).

Pasados algunos años luego de aquella interrupción de la obra de reconstrucción del templo, vino palabra de Dios por medio del profeta Hageo sobre Josué, el líder espiritual, y sobre Zorobabel, el líder político de Judá:

"Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: Este pueblo dice: No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada. Entonces vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: ¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?" (Hageo 1:2-4, RVR 1960).

Es interesante observar cómo Dios interpela al pueblo a través de una sencilla pregunta -recurso utilizado varias veces en la Biblia- que requiere una sincera respuesta y, por supuesto, no acepta excusas.

Aparentemente el pueblo había considerado que ese no era el tiempo para servir al Señor (pese a las evidencias históricas) y se habían dedicado a construir sus propias casas y a priorizar sus propios asuntos y necesidades. Dios los llama a que reflexionen sobre ello y los resultados obtenidos:

"Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís y no os calentáis..." (Hageo 1:5-6, RVR 1960).

Pese al empeño puesto en prosperar, no habían logrado demasiado. En los versículos 7-11 del capítulo 1, podemos leer que Dios vuelve a instar al pueblo a que mediten sobre sus propios caminos y a que se pongan a trabajar en la reedificación del templo; les recuerda también que muchas de las situaciones adversas que atravesaban (sequías, improductividad, etc.) se debían a que Su Casa estaba desierta y cada uno de ellos corría por lo suyo: "Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno corre a su propia casa" (Hageo 1:9, RVR 1960).

En la actualidad vemos a menudo situaciones como las que narra el libro de Hageo. Podemos ver muchos cristianos ocupados en edificar su propio bienestar y que deciden que este no es el tiempo para servir a Dios y edificar Su Casa. Personas con dones dados por Dios que se escabullen en la congregación para no comprometerse con la obra del Señor y de esa manera no tener que renunciar a su comodidad. También se observan aquellos que dejan el ministerio en la iglesia local por desavenencias con otros hermanos o porque simplemente no tienen más ganas y desean tomarse un tiempo para ellos mismos. En fin, los motivos egoístas para dejar la obra de Dios sobran, pero los obreros que quieran comprometerse sostenidamente, escasean. Por tal motivo, estimado lector, es importante que atendamos las palabras dichas por Dios a través del profeta Hageo: "Meditad sobre vuestros caminos" y podamos sincerarnos delante de Aquel que nos ama incondicionalmente. ¿Hay algo que Dios nos mandó a hacer y no estamos haciendo? ¿Hay algo más importante que Dios en nuestras vidas que no nos permite servir como un día le hemos prometido? ¿En qué momento de nuestras vidas y por qué motivo hemos decidido dejar de servir en la obra de Dios? ¿Cómo está nuestro corazón delante de Él? ¿Está nuestro orgullo delante?

En los versículos 12 al 15 del capítulo 1, la Biblia dice que luego de que los líderes y el pueblo oyeron la palabra del Señor tuvieron temor reverente y Dios les volvió a hablar a través del profeta Hageo: "Yo estoy con vosotros"(v.13) y despertó el espíritu de los líderes y del pueblo, quienes se pusieron a trabajar en la casa del Señor. Imagínese la alegría que habrá sentido el pueblo al saber que Dios estaba con ellos, más allá de sus tropiezos, y que los acompañaría en la reedificación del templo. De la misma manera, Él está con nosotros cuando decidimos servirle con un corazón sencillo, humilde y fiel.

Siempre hay tiempo para meditar, reflexionar y examinar nuestros corazones, tal vez esta sea una buena oportunidad para volvernos al Señor y darle nuevamente la prioridad en nuestras vidas.

"Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos"(Efesios 5:15-16, RVR 1960).

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